Los vigilantes de la Tierra


Los vigilantes de la Tierra
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El cohete Rockot se elevó entre los árboles de la tundra y desapareció entre nubes grises sobre la base militar de Plesetsk, en el norte de Rusia. " The baby's gone", comentó uno de los 700 asistentes que seguían el lanzamiento desde el centro de investigación Estec de la Agencia Espacial Europea ( ESA) en Noordwijk (Holanda). "El bebé se ha ido".

No se refería al cohete, un misil nuclear soviético reciclado para lanzamientos pacíficos low cost por el que los ingenieros espaciales europeos sienten escaso cariño. El baby es el satélite Sentinel-5P que viajaba en el vientre del cohete, por el que se han desvelado durante seis años, y que por fin vuela libre.

Eran las 11h 27 y el satélite aún no estaba a salvo. Como la tortuga que sale del cascarón en una playa tropical y camina hacia el agua en el trayecto más peligroso de su vida, el Sentinel-5P aún debía llegar hasta su nuevo hogar, en una órbita situada a 824 kilómetros de altitud. Los ingenieros de la ESA aún recuerdan cómo un cohete Rockot destruyó otro de sus satélites –el Cryosat– después de despegar bien y averiarse poco antes de alcanzar la órbita final.

Había que esperar a que el Sentinel-5P completara su primera vuelta al mundo y volviera a pasar sobre el polo norte después de haber viajado hasta el polo sur para recibir su primera señal y saber si había llegado bien a su destino. Una hora y 34 minutos de tensa espera.

La señal debía llegar a las 13h01. Las 13 horas del viernes 13 del lanzamiento número 30 de un cohete Rockot, según hizo notar Pierre Delsaux, responsable de la política espacial de la Comisión Europea. Cuando se acercaba la hora crítica, entre los cientos de personas que seguían la misión en la sala de actos de Estec, se hizo un ­silencio absoluto. Un gran reloj digital marcaba el tiempo transcurrido desde el lanzamiento, segundo a segundo. No se oía ni respirar. Todo el mundo estaba concentrado en las pantallas gigantes en las que se mostraba la señal captada por una antena en Kiruna (Suecia) que estaba a la escucha del Sentinel-5P. Lo único que se veía en la señal era que no había señal. Era una línea monótona sobre un gráfico de abscisas y ordenadas. De repente, la línea hizo un pequeño salto. Un bip, nada más. Una señal débil y breve. Suficiente para desatar el júbilo. ¡El bebé estaba vivo!

"Tenemos AOS", anunció Pier Paolo Emanuelli, el director de vuelo, desde la sala del centro de control de la misión. AOS, todos los que estaban en la sala lo entendieron. Las iniciales en inglés de adquisición de señal. Y llegaron los aplausos, los abrazos, las felicitaciones. Misión cumplida, estamos en órbita.

¿Cómo se siente?, le preguntaron a Josef Aschbacher, director del Programa de Observación de la Tierra de la ESA. "Me siento aliviado, se lo aseguro. Lo que más siento en este momento es alivio".

El 5P, el satélite más avanzado que se ha construido para vigilar la contaminación atmosférica, amplía la cada vez más numerosa familia de los Sentinels. Hay otros cinco Sentinel en órbita y una decena más en gestación para lanzar en los próximos años.

Situado en la llamada órbita terrestre baja, ofrecerá cada día un mapa completo de los principales contaminantes –con excepción del dióxido de carbono (CO2), para el que está previsto construir un Sentinel específico– en las capas bajas de la atmósfera. Los mapas, basados en veinte millones de observaciones diarias, tendrán una resolución suficiente para evaluar la calidad del aire en localidades concretas. "En Rotterdam, por ejemplo, podremos distinguir la contaminación del puerto de la que se origina en el centro de la ciudad", explica Pepijn Veekfind, investigador de la Agencia Meteorológica Nacional de Holanda.

Con estos datos, se podrán detectar con rapidez episodios de alta contaminación y adoptar medidas para reducir los niveles de gases y partículas contaminantes. "No lanzamos estos satélites sólo para tener información, sino pa- ra tomar decisiones, para que ­tengan consecuencias políticas", destaca Pierre Delsaux, de la Comisión Europea.

El Sentinel-5P ha costado 240 millones de euros –incluidos los 28 millones del lanzamiento con el cohete Rockot–. Los datos, al igual que los de otros satélites europeos de observación terrestre, serán públicos y gratuitos para usuarios de todo el mundo. Empresas que desarrollan apps y gigantes como Google, así como centros de investigación y universidades, ya están utilizando en la actualidad datos de los satélites europeos. La Universidad King's College de Londres, por ejemplo, ha desarrollado la app London Air, que informa de la calidad del aire en diferentes puntos de la ciudad y que ya tiene 300.000 usuarios, desde personas con asma a corredores que eligen dónde ir a entrenarse en función de los niveles de contaminantes.

"Hace diez años nos concentrábamos en las consecuencias políticas de los datos de los satélites de observación terrestre. El objetivo era obtener información fiable para guiar la toma de decisiones. Hoy día, además, hay un interés enorme de los ciudadanos por los estilos de vida saludables. La población realmente desea tener información personalizada para tomar sus propias decisiones", señala John Remedios, director del Centro Nacional de Observación Terrestre del Reino Unido.

La decisión de que los datos sean públicos y gratuitos, de regalarlos a usuarios que se benefi­ciarán de ellos, aunque se trate de empresas no europeas como Google, se tomó porque "el auténtico beneficio no está en los datos sino en los productos que se desarrollarán a partir de los ­datos", declara Josef Aschba- cher. "Si ofrecemos los datos a los usuarios, ellos desarrollarán los productos. Si restringimos el ­acceso, estos beneficios no ­llegarán".

El interés por estos datos ha superado con creces las expectativas que tenía la ESA, admite Aschbacher. Ya hay más de 100.000 usuarios registrados que acceden a ellos a través de la web del programa europeo de observación terrestre Copernicus (www.copernicus.eu). Encuentran información sobre todo lo que se está observando ahora por satélite, como –entre otros– incendios forestales, inundaciones, retroceso de glaciares, temperatura del agua del mar o radiación solar ultravioleta que llega a la ­superficie.

Más allá de los beneficios económicos que puedan reportar estos datos, tanto la ESA como la CE recalcan que proteger el medio ambiente a escala global es una prioridad para Europa, y ponen como ejemplo el compromiso europeo en la lucha contra el cambio climático. Este interés por el medio ambiente explica el liderazgo de Europa en satélites de observación terrestre, un área en que la ESA aventaja claramente a la NASA.

"Desde la estación espacial pude ver cuánto estamos abusando de nuestro planeta", declaró el astronauta holandés André Kuiper en el acto celebrado en Estec. "La observación de la Tierra es la parte más importante de los vuelos espaciales".

Kuiper explicó que, "vista desde el espacio, la Tierra es muy bonita. Se puede llegar a ver la actividad humana en los campos agrícolas, en los diques… De noche, con la iluminación de las ciudades, es como volar sobre terciopelo negro con joyería bordada. Pero también vi el humo de la deforestación en la Amazonia o en Indonesia".

El nuevo Sentinel-5P, lanzado con el objetivo de que funcione durante los próximos siete años aunque la ESA confía en que du- re unos diez, complementará las observaciones de otros satélites de la flota Sentinel con datos globales y continuos de contaminantes en las capas bajas de la atmósfera. Sus resultados mejorarán los de los sistemas actuales de vigilancia de contaminantes, que se basan en estaciones terrestres y en satélites menos completos que el 5P.

La mejora que aportará para controlar la calidad del aire es comparable a la que aportaron a la meteorología satélites como los Meteosat. Antes de la era de los satélites, las predicciones meteorológicas se basaban en registros tomados desde observatorios terrestres. Con aquellos datos limitados, las predicciones eran escasamente fiables más allá de unas pocas horas. En cuanto se empezaron a utilizar los datos de los satélites meteorológicos –un área en que Europa también es líder mundial-, las predicciones mejoraron hasta el punto de que ahora son altamente fiables a varios días de plazo.

"Para tomar medidas que reduzcan la contaminación, necesitamos datos fiables. Debemos saber qué nivel de contaminantes tenemos y cuál es su origen. La única manera de obtener estos datos a escala global y de manera continua es desde el espacio", destaca Kevin McMullan, director del proyecto Sentinel-5P en la ESA. "Espero que los datos que ofreceremos tendrán una gran influencia en las decisiones que tomen los gobiernos" para regular las emisiones contaminantes.

Estos datos, sin embargo, no empezarán a llegar hasta la primavera. Hoy, dos días después del lanzamiento, los técnicos del centro de control de la misión en Darmstadt (Alemania) están ocupados comprobando que todos los dispositivos del satélite han sobrevivido a las vibraciones del lanzamiento y se encuentran en buen estado. En estos primeros días también está previsto corregir la órbita si es necesario para que la nave circule exactamente por donde está previsto.

A partir de mañana, y durante las próximas tres semanas, el Sentinel-5P se mantendrá a una temperatura cálida para liberar lentamente los gases que lleva a bordo, como vapor de agua. Después se enfriará hasta unos 230 grados bajo cero, que es su temperatura óptima de trabajo, según informó Kevin McMullan.

Las primeras mediciones de gases contaminantes y partículas se esperan el 8 de noviembre. Pero aún no estarán a punto para ofrecerlas a los usuarios. Harán falta otros cinco meses de trabajo para calibrar los instrumentos y garantizar que las mediciones sean precisas. Una vez se hayan hecho todas las comprobaciones y ajustes, los datos empezarán a llegar a los usuarios a partir de abril.



Original Article: http://www.lavanguardia.com/vida/20171015/432077756873/vigilantes-tierra-satelies-observacion-terrestre-lanzamiento-sentinel-5p.html

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