Pablo Casado: "El 155 es un aviso para navegantes en Cataluña y en otras regiones"


Pablo Casado: "El 155 es un aviso para navegantes en Cataluña y en otras regiones"
España // elmundo  /  IRENE HDEZ. VELASCO

Casado posa en su despacho en Génova.
Casado posa en su despacho en Génova. SERGIO GONZÁLEZ VALERO

"Nos engañaron con el 9-N, con el 1-O, con los dos plazos del trámite del 155"

"El PP debe plantear para Cataluña un proyecto común más sugestivo"

"Con el 21-D, Rajoy ha actuado como Suárez; nos falta un Tarradellas"

"Lo que pasó en el Parlament el viernes no quedará impune. La Justicia actuará"

Pablo Casado (Palencia 1981), uno de los rostros más mediáticos delPartido Popular, tiene en su despacho en las alturas de la calle Génova un capote de torero. "Me gustan los toros, pero no entiendo nada", asegura el diputado por Ávila y vicesecretario de comunicación del PP. "Me regalaron ese capote en un gimnasio al que acudían a rehabilitarse toreros que habían sufrido cornadas", explica, rodeado de una suave luz rojiza y a la vez dorada. Es un efecto de la gigantesca bandera de España que el PP tiene colgada en la fachada de su cuartel general , y que cubre uno de los grandes ventanales del despacho de Casado, tamizando la luz del sol y coloreándola.

¿Esperaba que se llegase a esta situación?
No. El viernes fue el día de la infamia. Para toda España y, sobre todo, para una generación de catalanes que van a ver su economía empobrecida y su convivencia fracturada. Me duele Cataluña, y por supuesto, me duele España. Cataluña es una parte fundamental de todos nosotros. Y no se puede permitir la amputación de un miembro tan importante para toda España. Ahora lo necesario es aplicar la Constitución y enderezar y aliviar tanto la economía como la convivencia en Cataluña.
¿Y ahora qué?
Lo primero que hay que dejar claro es que esto no va a quedar impune. La justicia va a actuar, dentro de su independencia, y de la capacidad de los poderes del Estado de poner en su conocimiento posibles delitos flagrantes de rebelión y sedición, dos delitos muy graves castigados con penas muy duras. Lo que pasó el viernes en el Parlament le va a salir muy caro a sus autores por muchos años. En una democracia, todos sabemos a lo que se expone uno cuando comete un delito. Y aquí no sólo ha habido delito sino también alevosía. El Gobierno de Rajoy ha tenido que hacer lo que la cobardía del Govern no hizo, que es llamar a las urnas a los catalanes en un marco legal para que decidan su futuro. El presidente se ha comportado como Suárez y esperamos que el 21-D salga un líder catalán como Tarradellas.
¿Existe el riesgo de que la aplicación del 155 inflame aún más la situación y haga prender la gasolina que ya hay vertida?
Ellos lo van a intentar. Pero creo mucho más en el seny, el sentido común catalán, que en la rauxa (el arrebato). No quiero hacer paralelismos, pero ¿qué pasó en el País Vasco cuando se ilegalizó a Batasuna? Nos decían que iba a arder Troya, y lo único que dejaron de arder fueron los cajeros y las marquesinas; se restituyó la convivencia en la legalidad. Porque al final, la inmensa mayoría lo que quería es que acabara la violencia callejera. Y en Cataluña yo creo que ocurre lo mismo. ¿Qué ha pasado con el encarcelamiento dictado por una jueza contra el señor Sánchez y Cuixart? Decían que la cacerolada iba a durar toda la noche, y duró una hora y media. Decían que las manifestaciones iban a ser diarias, y en 10 días ha habido dos. Al final, salvo aquellos que cobran de esto, porque la ANC y Onmium están pagando a miles de personas a cuenta de los fondos públicos, de forma en mi opinión malversadora, volveremos al sentido común. Los ciudadanos catalanes acabarán diciendo: "Yo no quiero que se vaya la Caixa, ni el Sabadell, ni Codorniu, ni Seat, ni Mango... No quiero empobrecerme. Y, sobre todo, no quiero discutir con mis hermanos, con mi vecino, con mi compañero de trabajo".
¿Y si se equivoca? ¿Y si hay protestas multitudinarias en las calles por la aplicación del artículo 155, aunque sean pacíficas?
ANC y Òmnium hablan de rebelión pacífica, pero la rebelión nunca es pacífica. Resistirse a la autoridad es una forma de violencia en cuanto que es ilegal. La desobediencia está tipificada en el Código Penal, es algo en lo que los políticos no podemos entrar ni salir. Todos estamos sujetos a la ley. Y al revés: en contra de lo que ellos dicen, no existe violencia por parte de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, sino acciones para restituir la legalidad.
Pero si hay movilizaciones masivas no se puede meter en la cárcel a miles y miles de personas, ¿no?
Yo no pretendo eso. Pero si un funcionario no acata las órdenes, se le abrirá el correspondiente expediente disciplinario. Y si una persona no permite a alguien abrir una tienda, tendrá su correspondiente procedimiento civil. Y si alguien quema una papelera, tendrá su procedimiento penal. Todos estamos sujetos a la ley. Sin ley, esto sería la dictadura de los poderosos. Los que hacen llamamientos a movilizarse al pueblo catalán, a un pueblo catalán que no es único, están actuando con despotismo. Se parapetan detrás del pueblo, se envuelven en la bandera, y sin embargo lo que están haciendo es arruinarlo, fracturarlo y llevarlo al abismo.
¿No existe el riesgo de que tras unos comicios nos encontremos de nuevo en el mismo punto de partida?
Yo creo que todo cambiará cuando se restituya la legalidad y la democracia. El 155 es un punto de inflexión para la estado autonómico en España y también para la deriva nacionalista en Cataluña y en otras regiones que lo pudieran intentar, porque es la forma de visualizar que la democracia española tiene mecanismos de defensa y que con normalidad y preceptos constitucionales se puede preservar la unidad territorial y, sobre todo, la igualdad de derechos y obligaciones de los españoles. El 155 es un aviso a navegantes: si hay un desafío secesionista, con la mayoría que sea, no va a triunfar. El 155 va a subrayar que si alguien quiere la independencia tiene que buscarla a través del proceso legal que todos nos dimos y que está en la Constitución. De 7'5 millones que hay de catalanes, ellos dicen que dos millones quieren un referéndum y que un millón puede estar está a favor de la independencia. Pero probablemente eso irá decreciendo por la frustración y la desilusión que este proceso está generando. Ocurrirá como en Quebec, donde ya nadie habla de referéndum y de donde se fueron las empresas, y lo más dramático, no volvieron. El Banco de Montreal sigue por ejemplo en Toronto.
La Constitución no contempla la posibilidad de un referéndum vinculante. ¿Pero se podría celebrar un referéndum no vinculante?
Ningún gobierno responsable trabajaría en la autodestrucción de la nación a la que representa. Una nación, por cierto, cinco veces centenaria y que nunca ha tenido a Cataluña como reino o estado independiente, por mucho que se manipule la historia. La realidad es que Cataluña nunca ha sido independiente, y nunca lo va a ser, como decía el Rey en su discurso del 3 de octubre. Pero sobre todo, ¿cuál es el sujeto pasivo? Cataluña quiere decidir su papel en relación con el resto de España, vale. ¿Y Tarragona no quiere a lo mejor decidir sobre su papel en el resto de Cataluña? ¿Y Barcelona ciudad no puede querer decidir que no desea seguir aportando al resto de localidades de esa provincia? Y el barrio de Sarriá a lo mejor quiere decidir que quiere ser independiente, que no quiere aportar al resto de barrios de Cataluña. ¿Hasta dónde llega el egoísmo o la identidad territorial como para pedir la secesión?
En los últimos años el independentismo ha crecido mucho en Cataluña. Haga un ejercicio de autocrítica y explique qué responsabilidad le corresponde al PP y al Gobierno central.
Creo que de lo que hemos pecado es de haber confiado. Esto ha sido como la fábula de Pedro y el lobo: nos han mentido tantas veces, Puigdemont ha faltado tantas veces a sus compromisos, que ya no les cree nadie. Nos engañaron con el 9-N, con el 1-O, con los dos plazos que se han dado en la tramitación del artículo 155... Pero sobre todo a quien están engañando es a la sociedad catalana, que no se merece estos gobernantes. Por eso, cuanto antes, se tiene que hacer Justicia, se tiene que recuperar la democracia en Cataluña y sobre todo la convivencia. Y tenemos que ser más eficaces al plantear el proyecto sugestivo de vida en común, y tenemos que tener mayor presencia de España en Cataluña. Cuando los españoles sacan banderas al balcón, están pidiendo a sus representantes eso: un fortalecimiento nacional de España, de una España plural y descentralizada. En gran medida, en la pasada legislatura se ha hecho una suerte de reforma política que ya estaba vertebrando España. Hablo de la Ley Educativa, que integra currículums educativos y selección de profesorado nacional; de la ley sanitaria, que incluye una tarjeta única y una cartera de servicios común en España; de la ley del Tribunal Constitucional, que establece la efectividad de sentencias para toda España del alto tribunal; de la ley de fuerzas y cuerpos de seguridad de nacional, la mal llamada ley mordaza, que fija la prevalencia de Guardia Civil y de la Policía Nacional frente a otros cuerpos de policía; o incluso la ley de estabilidad presupuestaria, que permite intervenir la administración de las comunidades autónomas o las corporaciones locales. Esas leyes orgánicas de esa legislatura en la que supuestamente no hicimos política, eran para un fortalecimiento de una España plural.
Pero, a la vista de los hechos, parece que no han conseguido su objetivo de vertebrar España...
¿Qué nos ha faltado? Unir los puntos y hacer una figura, crear un relato. No hacen falta bálsamos de Fierabrás para decir que se puede seguir viviendo bien y creciendo en una España plural, culturalmente diversa pero fortalecida. España se tiene que fortalecer para que estas etapas de desafíos secesionistas no se repitan.
En Cataluña, efectivamente, ha reinado durante años la posverdad. ¿El Estado y el Gobierno no han fallado en su obligación de contrarrestarla y rebatirla?
La posverdad en Cataluña ha tenido varias apelaciones. La primera era: "España nos roba". No es algo nuevo. Ya lo vimos antes en el Brexit, donde se decía que Europa nos robaba; lo hemos visto en Estados Unidos, donde se decía que los mexicanos nos robaban; lo hemos visto en Hungría, donde se decía que los inmigrantes nos robaban... Es pura xenofobia nacionalista. Pero ahora, con la dramática salida de empresas de Cataluña y con la transparencia de las finanzas, se ha demostrado que quienes robaban eran los Pujol y unos malos gestores. La segunda mentira ahora es "España nos pega", cuando lo único que está haciendo el Gobierno de España es preservar las libertades y la democracia en Cataluña, como hizo Kennedy para restaurar las libertades en Mississippi, como hizo la señora Merkel en julio en Hamburgo, como hizo el señor Blair en el Ulster... Y ninguno de ellos es sospechoso de ser un peligroso totalitario. Si no hay legalidad, no hay democracia. En las dictaduras también se vota, pero no hay legalidad ni legitimidad.
Pero insisto: en Cataluña no ha oído durante mucho tiempo esa posverdad sin que el Gobierno y el PP hicieran mucho por contrarrestarla...
Sí se ha oído. Cuando hace por ejemplo unos meses se presentó el plan de infraestructuras, que anunciaba 4.000 millones de euros en infraestructuras en Cataluña, se dijo que ya se habían ejecutado 11.000 millones de euros en las anteriores legislaturas. Se dejaba así claro que no es verdad que Cataluña no tenga unas infraestructuras de primera. Y no es verdad, como el otro día el propio Borrelll detalló, que Cataluña aporte mucho más de lo que recibe. Pero sobre todo es un discurso falaz. No tiene sentido que se hable de balanzas fiscales o de que Cataluña no quiere aportar a otras regiones como Extremadura, Castilla-La Mancha o Andalucía cuando quieren seguir en la UE. Y cualquier país en la UE, como España, tiene que aportar a los países del este, a los países bálticos, a las nuevas repúblicas balcánicas. Es un discurso insolidario pero además falso.


Original Article: http://www.elmundo.es/espana/2017/10/29/59f38b88468aeb9d678b46ae.html

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