Sebastian Kurz, el Macron de derechas, favorito en las legislativas


El Partido Popular, con un líder de 31 años, aventaja en ocho puntos a los socialistas y a la extrema derecha

Las elecciones generales que se celebran mañana en Austria traerán, si se cumplen las predicciones, cambios de gran calado para todo el continente con un contundente giro a la derecha. Para la propia Austria supondrán el definitivo adiós a la hegemonía socialdemócrata, tanto política como cultural, que se ha mantenido desde la Segunda Guerra Mundial.

Aunque todo dependerá al final de la correlación de fuerzas, se perfila una posible alianza de toda la derecha entre ÖVP (Partido Popular Austriaco, centroderecha) y FPÖ (Partido de la Libertad, extrema derecha) para una vía política nacional conservadora. Esa alianza ya se formó bajo Wolfgang Schüssel (ÖVP) en el año 2000 y generó una oleada de protestas airadas en Europa y hasta una serie de sanciones de la Unión Europea que después fueron levantadas. La ofensiva internacional contra el partido derechista FPÖ, acusado de ultraderechista y hasta, con manifiesta injusticia, de filonazi, se volvió a dar en las elecciones presidenciales que tuvieron que ser repetidas y que ganó al final el candidato verde, Alexander van der Bellen, que concurría en contra del candidato Norberto Hofer del FPÖ.

Austria es el primer país de la Europa desarrollada en el que la balanza en la batalla ideológica entre la socialdemocracia y partidos de derecha que cuestionan abiertamente su hegemonía cultural desde el final de la guerra se inclina hacia los segundos. De momento, los únicos países en los que se ha producido este fenómeno ha sido en países con un pasado comunista como son Hungría, Polonia, Eslovaquia y Chequia, y en todos ellos, movilizados por cuestiones identitarias, y de inmigración y seguridad.

Austria podría pasar el domingo a formar parte de ese bloque en abierta oposición a la política de Merkel, de la Comisión Europea y del curso actual de la UE. En cuestiones como las cuotas de inmigración de hecho ya forma parte del mismo. Hasta el propio partido socialista ha asumido ya las posiciones de firmeza restrictiva en la inmigración que hace diez años solo defendía el derechista FPÖ. Hoy solo defiende a Merkel y las fronteras abiertas el izquierdista Partido de los Verdes, de Ulrike Lunacek.

El gran favorito en estas elecciones es el hasta ahora ministro de Asuntos Exteriores y miembro del Partido Popular (ÖVP), Sebastián Kurz, que a sus 31 años dio en mayo una patada al tablero político austriaco. Rompió la gran coalición con el Partido Socialdemócrata (SPÖ) que lleva gobernando diez años ya, en tres legislaturas, y forzó al tradicional Partido Popular a convertirse poco menos que en su organización electoral como Nuevo Partido Popular-Lista Kurz. Lo cierto es que los tres candidatos de los grandes partidos son grandes personalidades. También el canciller saliente, el socialista Christian Kern, que irrumpió como sustituto del fracasado canciller Fayman, en principio un tecnócrata, se ha revelado un político con fuerza pese a la desoladora situación general de los socialdemócratas. Y Hans Christian Strache ha sabido mantener el tipo y a un FPÖ firme pese al vendaval de Kurz y la declarada intención de este de quedarse con todo el espectro de la derecha austriaca.

Inspirado por la operación Emmanuel Macron en Francia, el joven Kurz ha creado una opción personalista, muy acorde a los tiempos, que ha tenido enorme éxito y lidera hoy las encuestas con un 33%. Su partido se hundía al igual que el socialista, ambos bajo el peso del hastío e ineficacia de tan larga alianza de consenso y la pujanza del derechista FPÖ de Strache. Ahora mismo Kurz con su lista ÖVP les saca ocho puntos a FPÖ y SPÖ que aparecen igualados en las encuestas.

Ideas y programa

El candidato popular le ha arrebatado el mensaje derechista a Strache tanto en el campo de la inmigración como en el muy relacionado de la seguridad, de la política de renacionalización y de la educación. Hay quienes creen que esta conversión de Kurz a la política de ruptura cultural con la socialdemocracia es puramente oportunista. Pero lo cierto es que este brillante joven aparatchik que entró en el gobierno austriaco como secretario de Estado a los 25 y a los 27 era ministro de Exteriores, no ha cometido ningún error, ha sido muy eficaz en el ministerio y tampoco ha caído en las trampas de una campaña electoral que ha sido un perfecto lodazal. El domingo se verá si el partido socialista paga en las urnas por sus operaciones sucias de descrédito al candidato Kurz. Por medio de asesores externos, el SPÖ lanzó una campaña en Facebook para difamar al candidato popular como racista.



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