Supuesto desconocido


Supuesto desconocido
España // elmundo  /  JAVIER REDONDO

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en la Sesión de Control al...El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en la Sesión de Control al Gobierno. BERNARDO DÍAZ

Rajoy ha mantenido pulsado el botón de rebobinar todo este tiempo. Su obsesión ha sido disponer de las fuerzas constitucionalistas al completo y sin fisuras. Recomponer el sistema y devolverlo al punto exacto en el que, durante el debate de campaña para las elecciones de diciembre de 2015, en tono profesoral y casi paternal, le aconsejó paciencia a Sánchez: «Yo perdí dos veces y aquí estoy». Hagamos piña y nos irá mejor a los dos, le sugirió entre líneas. Luego Sánchez se revolvió y ahí se acabó el recorrido de la Petición de la Rama de Olivo de Rajoy. Volver a ese 14 de diciembre de 2015 le ha costado a Rajoy dos años y tierra quemada.

Desde su óptica, rehacer el consenso -hoy tripartito constitucional- suponía enmendar automáticamente lo descosido. Pero no es así. Mientras juntaba las piezas para disponerlas con buen juicio sobre el tapete, la jugada seguía en la otra mitad del terreno. Al tiempo que reconstruía un espacio, el Gobierno ignoró que los desperfectos en el otro lado eran irreparables. Las fuerzas de derribo se afanan con soltura e impunidad en reducir a escombros el Estado de Derecho.

El Tribunal Constitucional se ha pronunciado claramente sobre el procés: «El Parlament dejó a los ciudadanos a merced de un poder sin límite alguno (...) Se ha situado por completo al margen del Derecho, ha entrado en una inaceptable vía de hecho, ha dejado declaradamente de actuar en el ejercicio de sus funciones constitucionales y estatutarias». El Parlament no se reúne en Cataluña. Lo hizo excepcionalmente y por última vez el martes pasado. Puigdemont le solicitó un pronunciamiento que no se produjo. Cataluña está fuera de la Ley y sus ciudadanos al arbitrio de un Govern que ha cedido a la muchedumbre el poder coactivo e intimidatorio.

El Gobierno de España tiene los apoyos que solicitaba para hacer lo que no quiere. Transitar de la mano de otro en plena oscuridad tranquiliza algo pero no resuelve nada. El Estado se enfrenta a un supuesto desconocido. O a varios. Una cuadrilla de sediciosos que se burlan de la Ley para disimular que no la temen. El nacional-populismo ha pasado pantalla y opera enmascarado con registros ignotos. El Gobierno se resiste a penetrar en terreno inexplorado. Por su parte, el nacionalismo pisó con descaro arenas movedizas.

He aquí el error de Rajoy: la democracia no puede permitirse temer la aplicación la Ley. El Estado de Derecho ha de imponerse a la turba, la propaganda, los cartelitos, las velitas y el qué dirán. A estas alturas, los tres partidos constitucionalistas saben que Cataluña es sólo un medio, una estación de paso. La cuestión no es si poner o no en marcha el 155 y en qué momento. Es otra, independientemente de cómo se resuelva este desafío. Se trata de devolver a la Ley su prestigio y a España una cultura de la legalidad quebrada. Porque el Estado va a evitar la independencia, pero puede entregar la libertad futura. El comandante Iglesias no descansa.



Original Article: http://www.elmundo.es/espana/2017/10/19/59e7b42fe5fdea63298b464d.html

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